Por qué el trocoidal salva filos en acero de herramienta

Si rompes fresas ranurando en D2 o H13, el problema casi nunca es la calidad de la herramienta. Es que le estás pidiendo 180° de compromiso a algo diseñado para trabajar a 15°. Aquí está la física, los números y cuándo esta estrategia no compensa.

1 agosto 2026 9 min de lectura Estrategias de mecanizado

Es la llamada más repetida que recibo: «se nos están rompiendo las fresas en la ranura y ya hemos probado con tres marcas». Cambiar de marca no arregla esto, porque el problema no está en el filo: está en la geometría del corte.

El ángulo de compromiso, que es de lo que va todo

Cuando fresas una ranura a pleno ancho, la herramienta entra en el material y lo abraza por completo: 180° de arco de contacto. Cada filo está cortando durante media vuelta entera y descansando la otra media. Suena razonable hasta que miras lo que implica:

  • El calor no tiene por dónde salir. Medio giro cortando es medio giro acumulando temperatura en el mismo punto del filo, con muy poco tiempo de enfriamiento entre pasadas.
  • La viruta no evacúa. Queda atrapada en la ranura y vuelve a pasar por la zona de corte. Recortar viruta ya cortada es una de las formas más rápidas de romper un filo.
  • Cortas a favor y en contra a la vez. En un lado de la ranura la fresa trabaja en concordancia y en el otro en oposición. Las fuerzas se compensan de forma inestable y aparece vibración.
  • Solo trabaja la punta. Como la profundidad axial en ranurado suele ser pequeña, todo el desgaste se concentra en los primeros milímetros del filo. Compras 30 mm de longitud de corte y gastas 4.

En acero de construcción esto se aguanta. En un D2 templado a 58-60 HRC, o en un H13, el filo se recalienta y se descascarilla antes de que te des cuenta.

RANURADO A PLENO ANCHO 180° de contacto ae = 100 % · ap pequeño TROCOIDAL ~40° de contacto ae = 8 % · ap grande
El arco rojo es el tramo que está cortando en cada instante. La herramienta es la misma; lo que cambia es cuánto material abarca de una vez.

Qué hace distinto el trocoidal

La idea es sencilla: en vez de empujar la fresa en línea recta comiéndose todo el ancho, la haces describir bucles circulares mientras avanza. Cada bucle muerde una rebanada estrecha de material.

Al bajar la inmersión radial (ae) al 5-15 % del diámetro, el arco de contacto se desploma de 180° a unos 30-50°. Y como las fuerzas radiales caen con él, puedes permitirte lo que antes era impensable: meter mucha profundidad axial (ap), a menudo 1,5 o 2 veces el diámetro.

Ese cambio de reparto es todo el truco:

Poco ancho, mucho fondo. El desgaste deja de concentrarse en la punta y se reparte a lo largo de toda la longitud de corte. Estás usando la herramienta entera en vez de un cuarto de ella, y por eso una fresa aguanta varias veces más aunque estés arrancando el mismo volumen de material.

De paso resuelves lo demás: cada filo tiene un intervalo largo de enfriamiento entre mordidas, la viruta sale limpia porque nunca queda encerrada, y todo el corte ocurre en concordancia, sin la alternancia de fuerzas del ranurado.

El adelgazamiento de viruta: por qué tienes que subir el avance

Aquí es donde mucha gente lo prueba, le va lento y lo abandona pensando que no sirve.

Cuando la inmersión radial es menor que la mitad del diámetro, la viruta que realmente sale es más fina que el avance por diente que has programado. Es pura geometría: el filo entra y sale del material describiendo un arco corto, y el espesor máximo de viruta nunca llega al valor nominal.

Si no lo compensas, estás cortando con virutas demasiado finas. Y una viruta demasiado fina no corta: frota. El filo se calienta, se endurece la superficie y la herramienta se muere igualmente, esta vez por rozamiento en vez de por sobrecarga.

El factor de corrección se calcula así:

fz corregido = fz nominal × D / (2 × √(ae × D − ae²))

Con una fresa de 10 mm y una inmersión del 10 % (ae = 1 mm), el factor sale 1,67: tienes que subir el avance por diente un 67 % respecto al de catálogo. Al 5 % de inmersión el factor pasa de 2,2.

La mayoría de los CAM modernos lo aplican solos si les dices que estás en trocoidal, pero conviene comprobarlo. Es la diferencia entre que la estrategia funcione o que parezca inútil.

Parámetros de partida

Valores orientativos para fresa de metal duro con recubrimiento, cuatro filos, en máquina rígida. Son puntos de arranque para la primera prueba, no una receta: ajusta con lo que veas y oigas en tu máquina.

Material ae (% D) ap Vc (m/min)
Acero templado D2 / H13 (54-60 HRC)5 – 8 %1,0 – 1,5 × D80 – 130
Acero de herramienta recocido8 – 12 %1,5 – 2 × D140 – 200
Inoxidable 316 / dúplex8 – 10 %1,0 – 1,5 × D90 – 140
Ti-6Al-4V5 – 10 %1,0 – 2 × D50 – 80

En titanio, además, el refrigerante deja de ser opcional: sin evacuación de calor la viruta se suelda al filo y arruinas la herramienta en minutos.

Cuándo el trocoidal no compensa

No es una estrategia universal, y venderla como tal es lo que hace que la gente desconfíe. Casos en los que yo no la uso:

  • Control con procesado de bloque lento. Este es el motivo más habitual y el que menos se menciona. El trocoidal genera miles de segmentos cortos. Si tu control no digiere bloques lo bastante rápido, se queda sin datos, el avance real cae muy por debajo del programado y la máquina va a tirones. Con un control moderno y look-ahead amplio no hay problema; en una máquina con veinte años y lectura por serie, puedes acabar tardando más que ranurando.
  • Ranuras muy cortas. Los bucles añaden recorrido en vacío. Si la ranura mide dos veces el diámetro, el sobrecoste de trayectoria se come la ventaja.
  • Ranuras más estrechas que la fresa más el bucle. Si no cabe el bucle, no hay trocoidal posible: toca fresa más pequeña o ranurado convencional a bocados.
  • Acabado. Esto es desbaste. Para el acabado mandan otras cosas: altura de cresta, dirección de pasada y estabilidad.
  • Máquina con poca rigidez o husillo justo de revoluciones. El trocoidal se apoya en girar rápido. Un husillo de 6.000 rpm limita bastante lo que puedes sacarle.

Lo que se lleva el taller

Cuando encaja —y en matricería encaja casi siempre— lo que notas no es tanto ir más rápido como dejar de tener sorpresas: la herramienta dura un número previsible de piezas, no se rompe a mitad de una cavidad y la máquina puede quedarse desatendida sin que nadie vigile el ruido.

Esa previsibilidad vale más que unos minutos de ciclo. Una fresa que revienta dentro de un postizo casi acabado no te cuesta el precio de la fresa: te cuesta el postizo, el tiempo de máquina invertido y la entrega.

Nota sobre los valores: las cifras de corte dependen del fabricante de la herramienta, el recubrimiento, la refrigeración y la rigidez del conjunto. Empieza siempre por la tabla del fabricante de tu fresa y usa esta como referencia de orden de magnitud.

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